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¿Qué es realmente el trastorno obsesivo compulsivo?

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es un problema psicológico mucho más amplio y complejo de lo que muchas personas creen. De hecho, algunas personas pueden convivir durante años con un TOC sin saber exactamente qué les ocurre.

Cuando hablamos de TOC, básicamente nos estamos refiriendo a una trampa de la mente. Aunque algunas personas tienen una mayor predisposición personal a caer en ella y desarrollar este trastorno, nadie está condenado necesariamente a sufrir TOC de forma innata. Existen estrategias eficaces para salir de esta trampa.

Los casos pueden ir desde más leves hasta más graves, pero el mecanismo detrás siempre es el mismo. Y es el que debemos conocer si queremos desactivarlo y superarlo.

Para entenderlo, hay dos componentes clave que debemos diferenciar: las obsesiones y las compulsiones.

Aunque cuando estamos dentro del ciclo del TOC todo puede sentirse como un torbellino de pensamientos, miedo, dudas y malestar, distinguir estos dos elementos es fundamental. No solo para comprender qué está pasando, sino también para poder identificar el problema y tratarlo adecuadamente.

 

¿Qué son las obsesiones?

Llamamos obsesiones a pensamientos, imágenes, dudas, preocupaciones o temores que aparecen de forma repetitiva y generan un malestar intenso.

Muchas veces ese malestar es miedo, pero no siempre. Las obsesiones también pueden provocar culpa, asco, vergüenza, angustia o tristeza.

Además, las obsesiones pueden tener prácticamente cualquier contenido.

Por ejemplo, una persona puede quedarse atrapada en dudas sobre:

  • Su orientación sexual.
  • Sus sentimientos hacia su pareja.
  • Si realmente quiere a su pareja o si debería dejar la relación.
  • La posibilidad de hacer daño a otra persona.
  • Haber cometido un error grave.
  • Haber causado daño a alguien sin darse cuenta.
  • Haber contaminado a otra persona.
  • La posibilidad de estar enfermo.
  • Haber pecado o haber hecho algo moralmente incorrecto.
  • Sus propios pensamientos, emociones o sensaciones.

Y esta lista podría ser prácticamente interminable.

 

¿Existen diferentes tipos de TOC?

A menudo hablamos de TOC de contaminación, TOC de comprobación, TOC de contenido sexual, TOC de orientación sexual, TOC de relaciones, TOC de daño, etc.

Estas etiquetas pueden ser útiles para describir el contenido de las obsesiones, pero es importante entender que el TOC no se limita a una serie cerrada de tipos.

Por ejemplo, en el TOC de contaminación una persona puede obsesionarse con la posibilidad de contagiarse de una enfermedad o contagiar a otra persona. En el TOC de comprobación puede aparecer la duda constante de si hemos dejado la vitrocerámica encendida, si hemos cerrado correctamente la puerta o si hemos cometido algún error en un correo electrónico.

Pero el contenido puede ser prácticamente cualquier cosa.

Y aquí encontramos un punto especialmente importante: no debemos identificar el TOC únicamente por el contenido de las obsesiones. Lo que debemos buscar es el patrón que se establece alrededor de ellas.

Para entender ese patrón tenemos que conocer el segundo componente del TOC: las compulsiones.

 

¿Qué son las compulsiones?

Las compulsiones, también llamadas rituales, son conductas o acciones que realizamos para intentar reducir el malestar provocado por una obsesión.

Su objetivo suele ser conseguir alguna forma de seguridad, certeza o tranquilidad: comprobar que algo está bien, asegurarnos de que no hemos hecho nada malo, intentar eliminar un pensamiento, evitar una consecuencia temida o conseguir que desaparezca la ansiedad.

Y, al igual que ocurre con las obsesiones, las compulsiones pueden adoptar formas muy diferentes.

Algunas compulsiones pueden ser visibles, como revisar si se ha cerrado la puerta o preguntar a otras personas si creen que puedo contagiarles de una enfermedad. Pero otras veces las compulsiones pueden suceder en la mente, sin que nadie más las vea, en forma de rumiación, análisis y re-análisis de situaciones, y en definitiva de buscar certezas o intentar alejar determinados pensamientos de la mente.

 

El ciclo del TOC

Todo esto nos lleva al elemento central para entender el trastorno obsesivo-compulsivo:

obsesión → malestar → compulsión → alivio → nueva obsesión

Aparece una duda, un pensamiento, una imagen o una sensación que genera malestar.

La persona intenta resolverlo de alguna manera: comprueba, evita, pregunta, analiza, repasa, busca información, intenta neutralizar el pensamiento o realiza algún otro ritual.

Durante un momento puede sentirse algo mejor.

Pero ese alivio tiene un precio.

El cerebro aprende que la compulsión es necesaria para hacer frente a la obsesión. De esta manera, el ciclo se mantiene y puede hacerse cada vez más fuerte.

Por eso, muchas de las estrategias que utilizamos espontáneamente para «quedarnos tranquilos» pueden terminar alimentando el problema.

Y esto incluye estrategias que, a primera vista, pueden parecer muy racionales.

Por ejemplo, intentar analizar una duda hasta encontrar una respuesta definitiva puede parecer una buena solución. El problema aparece cuando la persona necesita volver a analizarla cada vez que surge la duda.

El objetivo deja de ser vivir con normalidad y pasa a ser conseguir una certeza absoluta.

Y esa certeza, en el TOC, suele ser imposible de alcanzar.

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